Los de atrás vienen conmigo

Hace un par de años, cuando comenzaba el “esplendor” del reggaeton, cuando todavía nos daba risa (lo que hoy nos tiene chatos), en medio de esta masa de cantantes con pieles, lentes oscuros y perreo apareció un single llamado “Atrevete-te”, el cuál apenas escuché me llamó la atención pues me dio la sensación de que era algo distinto y entonces, siguiendo las instrucciones: “cambia esa cara de seria, esa cara de intelectual de enciclopedia”, cambiando mi cara de intelectual que odia el reggaeton escuché el primer disco de Calle 13 de nombre homónimo.

Escuchado el disco confirmé mis sospechas… no era más de lo mismo. Porque pese a que todos insistían en meterlos en la misma bolsa que Daddy Yankee o Wisin y Yandel, el disco de Calle 13 en primer lugar tiraba más para el hip hop que para el reggaeton, segundo sus letras apuntaban claramente hacia otro lado (escuchar “Querido FBI” me llevo a conocer todo el problema de los macheteros en Puerto Rico), y tercero porque había algo, un que se yó un su música que te hacía pensar que estos cabros de verdad cachan de música.

Ese “algo” que se hacía notar en el primer disco, quedó claro en el 2º llamado “Residente o Visitante”, disco producido por Santaolalla (y su ojo mágico para cachar a músicos latinos), con colaboraciones de Bajo Fondo, Vicentico, Orishas, entre otros. Donde ya Calle 13 era claramente “otra cosa”, pese a esto mis intentos de sacarles los prejuicios a mis amigos e incitarlos a escuchar Calle 13 eran un fracaso… todos les ponían el cartel de “reggetoneros” y no me pescaban. El disco tenía un claro mensaje de rescate de la identidad latina y las bases utilizadas en las canciones eran mucho más ricas y variadas, pasando por el folcklor, el tango, cumbia, etc; todo esto condimentado con sus líricas que mezclan toda la cultura popular, con rimas sin pelos en la lengua y más que pegajosas.

Y salió entonces el 3º disco “Los de atrás vienen conmigo”. La declaración de independencia de Calle 13 del reggaeton. Un disco que hasta a los más porfiados y prejuciosos les ha llamado la atención (los amigos a los que antes les hable de Calle 13 ahora por fin me pescan). El disco parte con una introducción al estilo Danny Elfman seguido de “Yo quiero que lloren”, el único reggaeton del disco cuya letra se dedica a tirarles caca a todos los reggaetoneros (”A todos los llorones Del genero del reggaeton”). El resto del disco tiene de todo: nuevamente colaboraciones, esta vez de Café Tacuba y Rubén Blades (los mejores temas del disco), con bases de folcklor, musica ochentera, música gitana, funk, etc. Y si antes no tenían problemas para criticar a quienes querían, esta vez se soltaron aún más.

En fin, un disco muy recomendable y que les sirve a los intelectuales y alternativos para sacarse de una vez por todas los prejuicios.

Los Vidrios Quebrados – Fictions

Hola, soy nuevo acá. Si no le gusta como escribo está totalmente facultado a tirarme piedras (si es que me ve, claro, no por blog) y si le gusta… eh… igual.

¿Qué se puede decir sobre Los Vidrios Quebrados que no se haya dicho ya? Bastante, en realidad, porque de Los Vidrios Quebrados se ha dicho harto poco. O tal vez no tan poco, pero sí lo suficientemente poco para quedar relegados a un segundo plano dentro de todo este espectro que se llama música chilena, que ha olvidado injusta y sistemáticamente a algunas bandas, por aquellos caprichosos e inentendibles recovecos del destino. Con un afán justiciero y reivindicador quiero hacer esta columna, para homenajear a uno de mis discos favoritos, de lo mejor que haya salido de este país y que, paradójicamente, casi nadie conoce. Welcome to Chile.

“Ya, qué lindo, ¿y qué cresta son Los Vidrios Quebrados?”, se preguntará usted. Contexto. Son mediados de los años 60, y el mundo pasa por una vorágine que tiene un sólo nombre… o cuatro. La revolución comenzada por los pelilargos alcanzaría todos los ámbitos de la música popular. Chile no sería la excepción, que como buen país esponja —antes fagocitó la onda rockera seminal con los viejos estandartes de La Nueva Ola—, ahora se encuentra bajo el influjo de los nuevos aires beatlescos. Lo que se respiraba en el aire era una mezcla rara de amor, flores y sicodelia.

Dicho esto se entiende el origen de esta banda de coléricos llamada Los Vidrios Quebrados: Héctor Sepúlveda, Juan Mateo O’Brien, Cristian Larraín y Juan Enrique Garcés. Cabros que se juntan a tocar la música que les gusta a puro ñeque, demostrado con la procedencia de sus primeras guitarras, que fabricaban ellos mismos. Con las influencias de los omnipresentes Beatles y casi todo lo que sonara británico (póngale Kinks), que retroactivamente programaron una de las facetas más determinantes del grupito, y que resulta ser una muestra más de las contradicciones que chabacanamente podríamos atribuir a la idiosincracia chilena: los títulos de las canciones están en español, pero ellos cantan exclusivamente en inglés.

En 1966 lanzan el single “Friend/She’ll Never Know I’m Blue”. Se dice que en este entonces, como nadie los conocía, hacían concursos en las radios para adivinar si el conjunto que tocaba la canción era norteamericano o de Inglaterra. Y, claro, nadie cachaba que el grupo que estaba tocando era más chileno que los porotos. El single sería el precursor de su primer, y único, long play: el indispensable Fictions.

La mayoría de las canciones del disco presentan un tema unificador que es la reivindicación de la nueva generación de coléricos y la discriminacion por parte de los viejones. Un pequeño análisis tema por tema. El disco empieza con “Oscar Wilde” que relata la historia del bullado romance homosexual del susodicho escritor (”Isn’t the right for me to live my own life / by the means I’ve chosen with my free will?”), pero por sobre todo, de la libertad de poder tomar nuestras propias decisiones. Le sigue “Qué importa el tiempo”, que chamulla con las capacidades de la nueva generación y la volá de cambiar el mundo. “En tu Mirada” es una linda canción de amor que no sé por qué no ha sido covereada por alguna banda indie. “La Primavera de Miss L.O’B.” es un cuenteo no muy sutil dedicado a una prima del guitarrista O’Brien. “Fictions” es un ejercicio pulentísimo de rock sicodélico, superado por el excelso “Concierto en La menor, opus 3” (que incluye clarinetes y media orquestación) y la piola “Introducción a la Vida narrada por el tío Juan”. “Palabras y palabras y palabras y…” es un delirio country muy a lo Dylan, mientras “Las dos caras del amor” es otra volada romántica. El disco termina con “Se oyen los pasos” y “Como Jesucristo usó el suyo” que vienen a representar los dos pilares fundamentales del disco: respectivamente, la bravata generacional colérica y la pataleta anti-discriminación (por el pelo largo, en este caso).

Para suerte de nosotros (aunque también con un poco de suerte) podemos conseguir este disco en disquerías tradicionales, en una versión remasterizada en CD que salió hace relativamente poco. También es posible encontrarlo *cof cof*en internet*cof cof* pero eso es ilegal y las versiones que hay se escuchan re-mal así que yo que tú no lo haría, pero para darle una escuchada loca así, puede que valga la pena.

¿Y qué pasó con la banda? Toda la onda beat chilena se diluyó a principios de los setentas por la separación de los Beatles, la aparición del primer hard rock (Led Zeppelin et al.) e irrupción del canto latinoamericano (Jaivas, Blops, etc.). Recientemente, el grupo Matorral realizó una tocata junto con O’Brien, tocando el disco Fictions de principio a fin, demostrando que a pesar de todo, hay gente que se acuerda de esa olvidada época de la música. Que los pasos se oyeron.

Enlaces:

Los Vidrios Quebrados en Música Popular.

Casinos, Salas & sus datos curiosos

El aumento en el número de personas que visitan las salas de los casinos tanto virtuales como físicas ha sido inigualable en los últimos años. El boom tecnológico, las nuevas políticas de expansión de los gobiernos y la facilidad de acceso a la información han permitido que esta industria tenga un crecimiento rápido y seguro como ninguna otra en el mercado.

Las apuestas han ocupado un lugar importante en la mente de la sociedad, ya que se ha empezado a ver como una fuente de ocio y diversión, creando lazos de fidelidad entre la industria y los jugadores.

Además, para que mentir, si es bien sabido que la emoción que genera ganar es única y puedes ser comparada con felicidad absoluta. Este efecto siempre ha estado presentes en la vida de todo ser humano, esta es una sensación innata en el ser, independientemente si se visita o no un casino, ya que es bien común ver y escuchar a las personas hacer una apuesta de dinero por cosas pequeñas como atinarle al bote de basura con una piedra, beberse una cerveza de un solo trago o conseguir el número de teléfono de la chica linda del bar.

Hoy en día 9 de 10 personas se encuentran involucradas de alguna manera con la práctica de las apuestas y 4 de esas 10 personas realizan dicha actividad de forma recurrente y habitual, por lo que los casinos han tenido que invertir cantidades de dinero y una muy buena parte de su tiempo en infraestructura, buen servicio, innovación, mercadeo y análisis de consumidor final, para así poder mantener un buen ritmo dentro de la industria y frente a los competidores.

Un ejemplo de inversión en casinos es el caso del Casino Sands de Macao, el cual se encuentra localizado en la península de Macao y es parte del grupo de Las vegas Sands Corporation. Este casino cuenta con un espacio de cerca a los 64.000 metros cuadrados y es comúnmente visitado por los habitantes de la china continental y por personas de todo el mundo. Tiene como atractivo primordial el hecho de estar dotado con 740 mesas y 1.254 maquinas tragamonedas.

Además, esta gran inversión ha demostrado haber hecho la tarea completa, ya que ha distribuido de manera estratégica las cafeterías, los restaurantes, los baños y los mostradores para comprar fichas de tal forma que se es necesario pasar por el frente de la zona de maquinas en el recorrido.