Los Vidrios Quebrados – Fictions

Hola, soy nuevo acá. Si no le gusta como escribo está totalmente facultado a tirarme piedras (si es que me ve, claro, no por blog) y si le gusta… eh… igual.

¿Qué se puede decir sobre Los Vidrios Quebrados que no se haya dicho ya? Bastante, en realidad, porque de Los Vidrios Quebrados se ha dicho harto poco. O tal vez no tan poco, pero sí lo suficientemente poco para quedar relegados a un segundo plano dentro de todo este espectro que se llama música chilena, que ha olvidado injusta y sistemáticamente a algunas bandas, por aquellos caprichosos e inentendibles recovecos del destino. Con un afán justiciero y reivindicador quiero hacer esta columna, para homenajear a uno de mis discos favoritos, de lo mejor que haya salido de este país y que, paradójicamente, casi nadie conoce. Welcome to Chile.

“Ya, qué lindo, ¿y qué cresta son Los Vidrios Quebrados?”, se preguntará usted. Contexto. Son mediados de los años 60, y el mundo pasa por una vorágine que tiene un sólo nombre… o cuatro. La revolución comenzada por los pelilargos alcanzaría todos los ámbitos de la música popular. Chile no sería la excepción, que como buen país esponja —antes fagocitó la onda rockera seminal con los viejos estandartes de La Nueva Ola—, ahora se encuentra bajo el influjo de los nuevos aires beatlescos. Lo que se respiraba en el aire era una mezcla rara de amor, flores y sicodelia.

Dicho esto se entiende el origen de esta banda de coléricos llamada Los Vidrios Quebrados: Héctor Sepúlveda, Juan Mateo O’Brien, Cristian Larraín y Juan Enrique Garcés. Cabros que se juntan a tocar la música que les gusta a puro ñeque, demostrado con la procedencia de sus primeras guitarras, que fabricaban ellos mismos. Con las influencias de los omnipresentes Beatles y casi todo lo que sonara británico (póngale Kinks), que retroactivamente programaron una de las facetas más determinantes del grupito, y que resulta ser una muestra más de las contradicciones que chabacanamente podríamos atribuir a la idiosincracia chilena: los títulos de las canciones están en español, pero ellos cantan exclusivamente en inglés.

En 1966 lanzan el single “Friend/She’ll Never Know I’m Blue”. Se dice que en este entonces, como nadie los conocía, hacían concursos en las radios para adivinar si el conjunto que tocaba la canción era norteamericano o de Inglaterra. Y, claro, nadie cachaba que el grupo que estaba tocando era más chileno que los porotos. El single sería el precursor de su primer, y único, long play: el indispensable Fictions.

La mayoría de las canciones del disco presentan un tema unificador que es la reivindicación de la nueva generación de coléricos y la discriminacion por parte de los viejones. Un pequeño análisis tema por tema. El disco empieza con “Oscar Wilde” que relata la historia del bullado romance homosexual del susodicho escritor (”Isn’t the right for me to live my own life / by the means I’ve chosen with my free will?”), pero por sobre todo, de la libertad de poder tomar nuestras propias decisiones. Le sigue “Qué importa el tiempo”, que chamulla con las capacidades de la nueva generación y la volá de cambiar el mundo. “En tu Mirada” es una linda canción de amor que no sé por qué no ha sido covereada por alguna banda indie. “La Primavera de Miss L.O’B.” es un cuenteo no muy sutil dedicado a una prima del guitarrista O’Brien. “Fictions” es un ejercicio pulentísimo de rock sicodélico, superado por el excelso “Concierto en La menor, opus 3” (que incluye clarinetes y media orquestación) y la piola “Introducción a la Vida narrada por el tío Juan”. “Palabras y palabras y palabras y…” es un delirio country muy a lo Dylan, mientras “Las dos caras del amor” es otra volada romántica. El disco termina con “Se oyen los pasos” y “Como Jesucristo usó el suyo” que vienen a representar los dos pilares fundamentales del disco: respectivamente, la bravata generacional colérica y la pataleta anti-discriminación (por el pelo largo, en este caso).

Para suerte de nosotros (aunque también con un poco de suerte) podemos conseguir este disco en disquerías tradicionales, en una versión remasterizada en CD que salió hace relativamente poco. También es posible encontrarlo *cof cof*en internet*cof cof* pero eso es ilegal y las versiones que hay se escuchan re-mal así que yo que tú no lo haría, pero para darle una escuchada loca así, puede que valga la pena.

¿Y qué pasó con la banda? Toda la onda beat chilena se diluyó a principios de los setentas por la separación de los Beatles, la aparición del primer hard rock (Led Zeppelin et al.) e irrupción del canto latinoamericano (Jaivas, Blops, etc.). Recientemente, el grupo Matorral realizó una tocata junto con O’Brien, tocando el disco Fictions de principio a fin, demostrando que a pesar de todo, hay gente que se acuerda de esa olvidada época de la música. Que los pasos se oyeron.

Enlaces:

Los Vidrios Quebrados en Música Popular.