Corría el año 1994 y lo que retumbaba en el mundo era una música rara con versos eran suaves y coros furiosos que hablaban de rabia y espíritu adolescente. Todas las bandas habían sido ocupadas por este estilo de música… ¿Todas? ¡No! Una pequeña banda mexicana poblaba por irreductibles chamacos resiste todavía y siempre al invasor.

Rebobinando. Los Café Tacuba se formaron en los ochenta, Wikipedia dice que fue en 1989. Desde sus inicios se caracterizaron por hacer música rock, pero no de ese rock marqueteado como “rock en español” o “rock latino”, que no es más que toda la mala onda sintetizadorizada angloparlante de los ochentas con traducción. Lo de los Tacuba es auténtica música hecha sin prejuicio alguno, tomando influencias de todo el espectro audible, rock de calidad para el mundo. Con la casualidad de que está en español.

Esto queda patente en su primer disco, Café Tacuba (1992), donde las canciones son contundentes (o no tanto) piezas de melodiosas armonías y retumbantes ritmos, muy bien hechito. El disco, a mi parecer, es bueno, pero se nota que todavía no habían refinado la búsqueda de estilos e influencias que los caracterizarían después. Y vaya qué estilos e influencias.

El disco Re (1994) es la expresión máxima de la ensalada sonora. Es como si hubieran puesto todos y cada uno de los tipos de canciones que existen dentro de una juguera, y hubieran escogido uno al azar para hacer cada canción. A partir de este punto, se llegaría incluso a decir que cada canción de Café Tacuba es de un género totalmente diferente a la otra. Por esto mismo, hay quienes van más aún y dicen que el Re es el White Album mexicano. Si conoces el White Album tienes una idea de la magnitud de esta aseveración. Y si no lo conoces, bueno, puedes tirarte a un pozo.

El disco empieza con “El Aparato“, que es una pequeña pieza de folclor mexicano intercalada con baterías programadas, coros, monofonía de celular y una letra alienígena que te deja muy WTF. Le sigue “La Ingrata“, el single, acaso la canción más popular del disco, que es una ranchera pura y dura, con letra misógina y todo. “El Ciclón“, otro single, es una volada filosófica sobre un ritmo funky. Luego, “El Borrego” llega y arremete con un ritmo heavy metal industrial satánico. Como si fuera poca la ensalada de estilos, llega el bonito pseudo-bolero “Esa Noche“, el cuasi-pop de “24 Horas” y un tecno con guitarras en “Ixtepec“. El disco continúa con “Trópico de Cáncer“, que casi me convenció de no estudiar ingeniería. “El Metro” es otra canción conocida del disco y una de mis favoritas, urbana y trascendental. Prosigue “El Fin de la Infancia“, que se las arregla para referenciar a la música bailable popular mexicana, a la ciencia ficción y la colonización de América, todo en uno.

“Madrugal” es un proto-bolero corto, que antecede a “Pez” y “Verde”, canciones que cuentan la aventura de un pez y sus divagaciones sobre la vida y la muerte. “La Negrita” es una alegoría a la regionalización, “El Tlatoani del Barrio” cuenta una historia de barrio (valga la redundancia) sobre el padre del cantante, encima de una base disco, funky y con coros indígenas. “Las Flores” está basada otro estilo folclórico de México, pero con una clara vocación pop, destinada a convertirse otra de las conocidas del disco. Prosigue el punk furioso de “La Pinta“, que en chileno significa “hacer la cimarra”. “El Baile y el Salón” es una reivindicación del baile y de las minorías sexuales, mientras “El Puñal y el Corazón” es una novela mexicana de Televisa hecha canción, sobre un ritmo estereotípicamente latino. Finaliza con la antigua “El Balcón“, que habla sobre tiempos más antiguos aún y cierra el disco de manera épica.

Cabe decir que el disco se siente como una unidad coherente a pesar de que cada canción es totalmente diferente a otra… y de que son veinte canciones en total. Hay por lo menos dos puntos cohesionadores importantes: la exaltación, muestra o enjuague de la idiosincracia latinoamericana (particularmente de México) en cada una de las canciones, ya sea de manera explícita o implícita, en las letras o en la música. Lo segundo es que, a pesar de cambiar de estilo a cada rato, cada uno de ellos es ejecutado con maestría, con buenos gusto… básicamente, tomado en serio.

¿Y qué pasó con Café Tacuba después? Sacaron discos buenos como los de covers Avalancha de Éxitos (1996) y Vale Callampa (2002), y el experimental Revés/Yo Soy (1999). También sacaron discos no tan buenos como el Cuatro Caminos (2003) y el Sino (2007), ahí se me cayeron un poco. Yo me quedo con el Re. La segunda nota musical, el segundo disco que sacaron… pero el primer disco latinoamericano de la vida.